Descubrí a Dani Rovira muchísimo antes de sus 8 apellidos vascos, ¡ostias!, y de presentar la Gala de los Goyas, ¡sin premio! El empujón definitivo a no perderme sus monólogos me lo ha dado mi hijo, que se lleva todo el día escuchando y re-escuchando y requeté-re-escuchándolos.