Personas eruditas me han comentado que para hablar con propiedad de ¿dis?capacidad hay que poseer elevados conocimientos desde, entre otras, las ópticas técnica, legal y reivindicativa, que son donde se fija forzosamente la lupa de este aspecto.

No obstante, los años que la vida me ha regalado hasta hoy me permiten generar una opinión a la luz de una perspectiva filantrópica del tema.

En este sentido, nunca me ha gustado y me siento muy dis-conforme con el término ¿dis?capacidad en su acepción más generalizada, porque he llegado a la convicción de que todas las personas presentamos cierta ¿dis?capacidad y sin embargo no a todos se nos refiere como tales cuando la misma está en juego.

Adaptando lo que dijo alguien de quien se conmemora en estos días su nacimiento: «quien se sienta capaz de todo que tire el primer pedrusco». El prefijo «dis» implica oposición o dificultad, según se tire del latín o del griego, y por tanto, ¿dis?capacidad podría significar no ser capaz. Así que itero y reitero: «quien sea capaz de todo, que tire el primer canto rodado«. O mejor: no deberíamos prejuzgar y sí deberíamos hacer por conocer las capacidades de cualquier persona antes de etiquetarla.