En mi etapa como Auditor Jefe de AENOR tuve un Maestro-compañero que convencía a muchos clientes diciéndoles que determinadas cuestiones eran “de Catón”. Reconozco que no sabía lo que era El Catón; ni siquiera recordaba haberlo oído. Lo más parecido podría ser el Libro Gordo de Petete.